El periodista deportivo Daniel Avellaneda desató un fuerte repudio mediático tras negar reiteradamente la identidad de género de Florencia de la V durante un debate radial y confrontar violentamente a una cronista en la vía pública.
Lectura exprés
- ¿Qué sucedió?
El periodista Daniel Avellaneda desconoció públicamente la identidad de género de Flor de la V y protagonizó un violento cruce con una notera callejera. - ¿Quiénes son los protagonistas?
El periodista deportivo Daniel Avellaneda, la conductora y actriz Florencia de la V y la cronista televisiva Lucía. - ¿Cuándo ocurrió?
El 25 de septiembre de 2026, tras una serie de publicaciones e intercambios durante emisiones radiales en vivo. - ¿Dónde fue?
En los estudios de la emisora radial y en la vía pública porteña al finalizar la transmisión del programa. - ¿Cómo se produjo?
A partir de un debate judicial en el cual Florencia de la V opinó en redes sociales y Avellaneda la descalificó insistiendo en llamarla varón. - ¿Por qué es importante?
Porque reabre la discusión en torno al cumplimiento y respeto de la Ley de Identidad de Género vigente en Argentina dentro de los medios de comunicación. - ¿Qué consecuencias hay?
Una masiva ola de repudio de figuras del espectáculo, intervención policial en la calle por agresiones verbales y duras críticas de colegas.
El origen del enfrentamiento mediático
Un encendido debate radial derivó en un escándalo de proporciones en el ámbito del espectáculo y la comunicación. La controversia se inició cuando en la mesa de trabajo de la emisora analizaban una resolución judicial vinculada a la situación procesal de un menor de 14 años sobreseído por la jueza Laura de Marinis. En medio de los comentarios del panel, se leyó al aire una publicación realizada en redes sociales por la actriz y conductora Florencia de la V, quien reflexionaba sobre los estándares de indignación selectiva frente a diferentes fallos de la Justicia argentina.
De forma inmediata e intempestiva, el periodista Daniel Avellaneda interrumpió el análisis técnico de la causa para focalizar sus expresiones directamente contra la figura de la conductora. Lejos de circunscribir sus diferencias al terreno estrictamente argumentativo o jurídico, optó por descalificarla públicamente desconociendo de manera reiterada su identidad autopercibida al definirla despectivamente con el término "señor" y aseverar que "tiene la mente equivocada".
Pese a que sus propios compañeros de mesa intentaron encauzar la discusión recordándole que se trata de una mujer amparada por la legislación nacional y con documentación registral rectificada, el comunicador reafirmó su postura de confrontación ante los micrófonos, desafiando las normativas de respeto vigentes en los medios masivos.
Tensión e intimidación en la vía pública
La repercusión de sus dichos al aire generó una cobertura inmediata por parte de programas vespertinos de televisión. El ciclo conducido por Yanina Latorre comisionó a su cronista Lucía hacia las puertas de la radio con el propósito de consultar al periodista deportivo respecto a la gravedad institucional y social de sus declaraciones públicas.
Al ser consultado frente a la cámara sobre por qué insistía en referirse de manera masculina hacia una figura representativa del colectivo trans, Avellaneda redobló la apuesta sin matices: "Para mí no es una mujer, biológicamente es un hombre". La cronista le recordó que en la Argentina rigen normativas de orden público que garantizan el trato digno y el derecho personalísimo a la identidad de género, pero el entrevistado desestimó cualquier autocrítica.
El momento más crítico se vivió una vez concluida la nota formal grabada con el dispositivo móvil. De acuerdo con el testimonio brindado por la notera en el piso televisivo, el periodista reaccionó con violencia verbal e intimidaciones físicas:
- Hostigamiento y gritos: El comunicador comenzó a increparla en la acera a corta distancia, recriminándole su labor profesional mediante actitudes prepotentes.
- Convocatoria policial: En un intento por justificar su malestar, Avellaneda intentó solicitar la intervención de efectivos de seguridad que custodiaban la zona, alegando supuestos conflictos gremiales inexistentes para frenar la cobertura.
- Impacto emocional: La periodista relató haber experimentado momentos de angustia e indefensión durante más de diez minutos frente a la envergadura corporal y el tono agresivo del reportero.
Un patrón reiterado de conductas discriminatorias
Este episodio no constituye un hecho aislado en el historial mediático de Daniel Avellaneda. Distintos analistas recordaron un suceso de similares características acaecido tiempo atrás en los estudios de Radio Rivadavia. En aquella oportunidad, el periodista decidió levantarse de su silla y abandonar abruptamente el estudio radial conducido por Lucas Morando ante la llegada de la invitada Traniela Carle Campolieto, la primera piloto de aviación trans de las aerolíneas comerciales de la República Argentina.
En aquella ocasión, y tras las consultas de los oyentes por su intempestiva salida del aire, Avellaneda recurrió a su cuenta personal en la red social X (anteriormente Twitter) para vanagloriarse de su actitud intolerante. En sus publicaciones manifestó consignas tales como "ninguna ley está por encima de la biología" y ratificó su negativa terminante a tratar como mujer a una persona con identidad trans, provocando el repudio unánime de colegas del sector.
El marco legal frente a la violencia mediática
El debate generado trasciende la mera anécdota del espectáculo para situarse en el plano de las obligaciones jurídicas y éticas del ejercicio periodístico en el territorio nacional. En la Argentina rige con fuerza imperativa la Ley N° 26.743 de Identidad de Género, sancionada en mayo de 2012, cuyo articulado consagra:
- El derecho al libre desarrollo personal: Toda persona tiene derecho al reconocimiento de su identidad de género autopercibida y a ser tratada de acuerdo a ella en el ámbito público y privado.
- Inviolabilidad del trato digno: La obligatoriedad absoluta para instituciones públicas, privadas y medios de comunicación de utilizar la expresión de género y el nombre de pila elegido.
- Límites éticos al discurso del odio: El rechazo expreso a narrativas estigmatizantes que desconozcan la personería jurídica y la dignidad de las diversidades.
La insistencia sistemática en desconocer derechos conquistados hace más de una década coloca nuevamente bajo la lupa el nivel de responsabilidad cívica y social con el que comunicadores de trayectoria manejan espacios de amplia repercusión popular.
