La viralización de imágenes de pasajeros colgados en los vagones del Belgrano Norte expone el crítico estado del transporte metropolitano. El desfinanciamiento y la caída en las frecuencias encienden las alarmas, trazando paralelismos directos con el desguace ferroviario de los años noventa.
Lectura exprés
- ¿Qué sucedió?
Se viralizaron imágenes y videos que muestran a decenas de pasajeros viajando colgados de las puertas y estribos en los trenes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), principalmente en la línea Belgrano Norte. - ¿Por qué se llegó a esta situación?
La crisis responde a un mix de desinversión sostenida, reducción drástica de frecuencias, pasajes más caros y falta de mantenimiento del material rodante. - ¿Qué comparación surge?
Analistas y medios de comunicación comparan el deterioro actual con la etapa de desguace y privatización del menemismo en los años 90 (la era del "ramal que para, ramal que cierra"). - ¿Cuál es la postura oficial?
El presidente Javier Milei ha manifestado explícitamente que "el Estado debe correrse del medio" y que el sistema ferroviario debería ser enteramente privado. - ¿Qué dicen los especialistas?
Advierten sobre el enorme peligro físico para los usuarios y reclaman decisión política e inversión estatal inmediata para prevenir tragedias evitables. - ¿Cuántos empleos se perdieron en el sector?
Según informes recientes, desde fines de 2023 se registraron más de 5.000 despidos en el ámbito ferroviario nacional.
Imágenes del pasado en el presente: el riesgo de viajar en el AMBA
El sistema ferroviario metropolitano parece haber retrocedido tres décadas en el tiempo. Durante las últimas jornadas, las redes sociales y los medios de comunicación se hicieron eco de impactantes imágenes en la línea Belgrano Norte, donde se observa a cientos de usuarios viajando literalmente colgados de los estribos, asomando medio cuerpo fuera de los vagones en pleno movimiento. Esta radiografía expone un nivel de hacinamiento y riesgo físico que no se veía con esta intensidad desde los años previos a las privatizaciones de la década del 90.
El fenómeno se da en un contexto de tarifas al alza y servicios en baja. Los pasajeros del Área Metropolitana de Buenos Aires enfrentan hoy un escenario de "tormenta perfecta": los boletos de tren y colectivo (cuyas frecuencias también se han visto mermadas) aumentan periódicamente, obligando a muchos a volcarse al ferrocarril, solo para encontrar andenes estallados de gente y formaciones que demoran cada vez más en llegar.
El paralelo ineludible con los años 90
La crisis actual reactivó de forma inmediata el archivo histórico nacional. Periodistas y analistas de política trazaron un paralelismo directo con el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) y su política de desguace bajo el lema "ramal que para, ramal que cierra". Entre 1991 y 1993, el gobierno de aquel entonces desarticuló Ferrocarriles Argentinos, dividió las concesiones y eliminó masivamente los trenes de pasajeros que unían la Capital Federal con el interior del país, provocando que más de 700 localidades quedaran aisladas y se convirtieran en "pueblos fantasma".
El deterioro del material rodante en aquella época llevó a tragedias evitables, como el recordado accidente de 1991 en la estación de Retiro (Ferrocarril Mitre), cuando un tren procedente de Del Viso se quedó sin frenos e impactó contra los locales comerciales y vallas de contención de la terminal, dejando víctimas fatales. La falta de mantenimiento y la desidia estatal (y privada) fueron los denominadores comunes de aquellas tragedias.
La visión del Gobierno actual: privatización y despidos
Lejos de apostar a una recuperación integral del sistema a través de la inversión pública, la actual administración nacional tiene una postura clara respecto al destino de los trenes. El propio presidente Javier Milei ha sido contundente al afirmar: "La realidad es que debería correrse el Estado del medio, porque la verdad que cuando lo hace el sector privado lo hace mucho mejor. O sea, los trenes deberían ser privados".
Sin embargo, la historia ferroviaria argentina demuestra que la gestión privada no es garantía automática de eficiencia ni de seguridad, especialmente si no existen controles estatales rigurosos. Resulta paradójico que la línea Belgrano Norte —protagonista de las peligrosas imágenes recientes— es justamente una de las pocas que hoy continúa operada por un concesionario privado. Allí, las formaciones son obsoletas, carecen de aire acondicionado y el nivel de hacinamiento es alarmante.
A la merma del servicio se le suma un fuerte recorte en el capital humano. Según trascendió en informes del sector, desde diciembre de 2023 a la fecha, se han perdido más de 5.000 puestos de trabajo directos en el ámbito ferroviario. Este achique de personal impacta de forma directa en las áreas operativas, mecánicas y de seguridad.
Decisión política vs. inercia destructiva
Especialistas en transporte coinciden en que la mejora estructural del sistema ferroviario argentino, tanto en el área metropolitana como a nivel federal, depende estrictamente de la decisión política de volcar recursos económicos a su sostenimiento y modernización.
Se señala que, tras la tragedia de Once (2012) —que evidenció la matriz de corrupción y desidia del esquema de subsidios cruzados y privatizaciones heredadas— hubo un proceso inicial de reestatización y renovación de formaciones. Sin embargo, ese impulso se detuvo hace años, y en la última década el sistema experimentó un evidente retroceso por falta de mantenimiento continuo.
La urgencia de planificar un sistema de transporte moderno y seguro es imperiosa. Mientras los debates políticos transcurren, cada día laborable millones de argentinos ponen en riesgo su vida al intentar llegar a sus puestos de trabajo en un tren que, literalmente, viaja colapsado.
